viernes, 27 de marzo de 2009

De al-Razi a Stevenson

Leo el famoso poema de R. L. Stevenson dedicado a la isla y faro de Skerryvore en los Rayos y Truenos de E. García-Máiquez y, atrapado por esa magia envolvente y legendaria de las cosas de la mar, me viene al recuerdo y al teclado la imagen de otra almenara algo más alejada en el tiempo.
Cuentan los textos árabes, desde la Geografía de al-Razi y al-Udri, hasta las posteriores de al-Bakri o al-Zuhri (por citar sólo los andalusíes), que hubo en la isla de Cádiz un faro maravilloso parecido al de Alejandría, con una altura de cien codos. Su base y forma eran cuadradas y el material de su contrucción era piedra kaddan, tal vez la hoy llamada "ostionera". Remataba el faro un cuerpo triangular de mármol sobre el que se levantaba una figura humana sin parangón, de excelente factura y estilo. El rostro de este personaje, que probablemente representaba al antiguo dios fenicio Melkart, se dirigía hacia poniente. Su brazo, mirando al norte, se alargaba en esa dirección con los dedos cerrados, sólo el índice señalaba la boca del Estrecho (al-zuqaq), como marcando la ruta a seguir por los navegantes. Narra la leyenda que, el año 540 de la hégira (=1145-6), Abu l-Hasan Ali b. Maymun lo demolió ambicionando la estatua que creía de oro. Al arrancarla, se dio cuenta de que era de latón cubierta por un baño de oro fino.
Siglos más tarde, en recuerdo de un faro construido por un tío suyo en un lugar casi inaccesible y poblado sólo por focas y cormoranes, Robert Louis Stevenson escribió:

For love of lovely words, and for the sake
Of those, my kinsmen and my countrymen,
Who early and late in the windy ocean toiled
To plant a star for seamen, where was then
The surfy haunt of seals and cormorants:
I, on the lintel of this cot, inscribe
The name of a strong tower.

"Por el amor a los nombres hermosos y por la gloria
de aquellos, mis parientes y compatriotas,
que antaño alzaron sobre el tormentoso océano
una estrella para los lobos de mar allí, donde entonces se hallaba
la sola guarida de espuma de las focas y cormoranes:
Yo, en el dintel de este humilde hogar, grabo por siempre
el nombre de una torre soberbia"

¿Por qué no grabar también nosotros, en el dintel de nuestra puerta, el nombre de aquel legendario manara o faro gaditano?

2 comentarios:

Mery dijo...

Ya veo que estáis muy fareros ultimamente, cosa que me encanta, porque es una edificación que me llama mucho la atención. Cada país, cada zona, tiene su estilo de construcción. Un faro junto a un espigón,o entre altas rocas, me parece una de las imágenes mas románticas que pueda haber.
(Alguien me dijo un día que son símbolos fálicos, aý, ese subconsciente).
Que sea lo que quieran, a mí me fascinan, y si encima los iluminan con estas palabras tan bellas, miel sobre hojuelas.

Interesante entrada la tuya: la imaginación vuela con la idea de un faro que debió ser así de hermoso.
Un abrazo

MABS dijo...

Gracias Mery. Fálicos o no, los faros han dado muchas páginas gloriosas a las letras universales.