lunes, 15 de junio de 2009

De los orígenes a Pilar Sánchez

es el comercial título de una Breve Historia de Jerez que acaba de publicar Manuel Romero Bejarano. En el prólogo del mismo, el autor expresa su reconocimiento a Miguel Ángel Borrego, o sea yo, quien en un desagradable artículo (sic) que le dediqué en el Diario de Jerez lo puse al día de los últimos avances en la investigación sobre los orígenes de la ciudad. Gracias, Manolo, pero con todo el libro no hay por donde pillarlo en los dos primeros capítulos, dedicados precisamente a nuestros anales.
Naturalmente, es complicado lucirse cuando uno quiere historiar, sin tener ni idea, esa etapa original de nuestra ciudad; y más aún cuando se ningunea todo lo que, en mi modesta opinión, se ha escrito y con acierto sobre Ceret, o Cerit, por autores como Jesús Montero Vítores, Chic García, Padilla Monge o muchos otros que sorprendentemente no aparecen en la bibliografía que cierra el libro. La obsesión de Romero Bejarano por negar cualquier atisbo de historia romana en la ciudad o su entorno, le hace caer en este tipo de errores. Insisto, no citar por ejemplo a Montero Vítores y su brillante teoría de situar la antigua Cerit en Gibalbín es algo que no debe permitirse en cualquier obra, más o menos rigurosa, que salga a la luz sobre historia de Jerez. Y lo digo porque las plausibles tesis de Montero Vítores enlazan de una manera lógica con el posterior surgimiento de la ciudad durante el tiempo islámico.
Por supuesto, tampoco puede Romero Bejarano apropiarse de tesis ajenas acerca de la ciudad de Sidueña sin añadir notas a pie de página y reducirlas a la peregrina afirmación de que la inestabilidad política de mediados del siglo IX llevó a los habitantes de Sidueña a trasladarse a un farallón ubicado junto a un canal que comunicaba el Guadalete con el Guadalquivir; y que esto sea, así como el que no quiere la cosa, el germen de nuestra urbe. Señor Romero Bejarano, las ciudades de Sidueña y Jerez, con sus respectivos nombre árabes, coexistieron durante varias décadas, y la segunda no se fundó de la nada por los habitantes de la primera. Ya sé que la suya es una interpretación muy personal de mi teoría sobre Sidueña, pero poco o nada se acerca a lo que he publicado y afirmado en algunos de mis artículos.
Que, por otra parte, el libro pueda salvarse gracias a los capítulos dedicados a la producción artística de la ciudad en sus distintas etapas históricas... tal vez, porque es ahí donde Romero Bejarano podría alardear de su saber en esta materia, pero de repente, todo se transforma en una simple y poco interesante crónica acerca de las miserias y las escasas virtudes de nuestros últimos alcaldes, en un aparente y extraño afán reivindicador de la figura de Pacheco, egocéntrico personaje curiosamente ensalzado por la también vanidosa personalidad de nuestro mediático autor.
La obra de Manuel Romero Bejarano se venderá bien --yo ya he caído en la trampa-- y tendrá buena acogida entre sus seguidores, sin embargo dudo mucho de que en los trabajos de Historia de Verdad que de ahora en adelante se escriban sobre Jerez sea citada por nadie.

1 comentario:

Anónimo dijo...

No podría haberlo dicho mejor. Estuve en la presentación y he empezado a leer el libro. Pero no creo que lo termine... Ventila la república en un párrafo... En fin. Los 10 euros que cuesta, no los vale.