“Esto me lo contó en su jardín de Triana el alfaquí Abū ‛Abd Allāh Ibn Zarqūn –que era, Dios lo tenga en su gloria, miembro de la cofradía de las buenas letras y distinguido en la de los alfaquíes–, en la época en que yo leía con él los Nawādir y el Kāmil, pues una tarde en que la conversación giraba en torno a los géneros literarios me dijo –Dios lo bendiga–, dichoso y contento, hasta el punto de contagiar su alegría a este jovenzuelo cuya barba aún no apuntaba, lo que sigue:
A lo que repliqué:
- ¿Y cómo es eso, maestro?
Y respondió:
- Porque yo también he nacido en tu ciudad de Jerez.
Y como la conversación ganó en interés, le pedí que me diera más detalles y añadió:
- Tengo a este propósito un curioso relato:
- En verdad, las cosas que aquí se reúnen difícilmente se dan en otro lugar, por la abundancia de agricultura y ganadería, aceite, vino, sal y otros productos.
Y le dije:
- Debes saber que yo nací aquí.
Y Abū Bakr me respondió:
- Pues tal vez tendrías que recitar ahora lo siguiente [metro ramal]:
- Mi patria chica es Jerez,
Y yo le dije, completando el verso:
- donde yo vivía.
Y replicó Abū Bakr:
- Es una ciudad en la que hay
Y añadí:
- de todo y se abastecen
Y dijo Abū Bakr:
- sus manantiales del Salsabīl
Y dije:
- y están emparrados sus arenales.
El texto resulta útil para recabar información sobre el entorno de la ciudad de Jerez, pues corrobora lo que ya sabíamos acerca de la prosperidad jerezana durante los siglos XII y XIII. Las distintas fuentes coinciden en este aspecto y, a través de ellas, deducimos que el cultivo y beneficio del cereal, el olivo, la viña o la higuera eran la base del desarrollo económico de Jerez. Al-Himyarī (m. después del 726=1325-6), apoyándose en al-Idrīsī (m. 560=1164-5), describía los alrededores de Jerez diciendo que eran ricos en viñedos, olivares, higueras y trigales, algo que las palabras de Ibn Zarqūn e Ibn al-‛Arabī confirman sin lugar a dudas. Estos personajes hablan, además, de otro de los recursos fundamentales de la economía de la zona que mencionábamos al inicio: la explotación de salinas para uso culinario y la conservación de alimentos. Estas salinas se hallarían probablemente en alquerías cercanas y se gestionarían y administrarían desde Jerez, capital de la cora por entonces y centro vertebrador de un riquísimo alfoz.
Vid. BORREGO SOTO, M. Á., "¿Una macama jerezana? Jerez y la difusión de las Macamas de al-Hariri en al-Andalus", AAM (2006), 13, pp. 25-41 (texto completo)

6 comentarios:
Precioso relato MABS. Sin embargo creo que las salinas a las que se refiere no tenían por qué ser exclusivamente marinas. El propio Emilio Martin documenta salinas en el paraje de Las Salinillas, junto a la autopista Sevilla -Cadiz a la altura de Estella del Marqués. Sainas había junto a la Ronda Oeste (otro paraje conocido también como Las Salinillas), en Roa La Bota... Albinas y lagunazos saldados (debidos a substratos triásicos ricos en sales) se repartían por otros puntos del término de Jerez donde todavía, tras a evaporación del agua se queda una pátina blanca - de sal- sobre el barro. Precioso relato.
AGL.
Tienes toda la razón, Agustín, las salinas de interior están más que localizadas. Lo que me fascina de este relato, además de su valor literario es que se mencionen las salinas. El entorno jerezano tenía que ser una auténtica paleta de colores y contrastes: entre las vides, higueras y olivos, el blanco de las salinas que llamó poderosamente la atención del sevillano Ibn al-Arabi. Éramos una potencia económica en la región, ojalá volvamos a serlo algún día.
Yo lo que siento es no conocer tu tierra lo suficiente como para opinar, visulizar y comprender mejor lo que en tu blog nos dejas.
Sé de las bondades jerezans, mas por referncia y lecturas que por mí misma, pero una cosa está clara: tu pasión por su historia es contagiosa.
Tus entradas, como siempre, bellísimas.
Un abrazo
Gracias, Mery, cómo te echaba de menos por aquí, fiel seguidora.
A veces fiel....y otras mas, perezosa.
Ocurre, sin embargo, que la delicadeza de tus escritos enganchan.
Un abrazo nuevamente.
Abrazado y agradecido quedo, Mery, a la par que feliz por tus hermosas palabras.
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