martes, 31 de marzo de 2009

De Asidon a Sharish Shidûna

En las primeras excavaciones del tell de Doña Blanca, dirigidas por el profesor Diego Ruiz Mata hace ya más de veinte años, a los pies de la Sierra de San Cristóbal, se hallaron los restos islámicos más antiguos de la provincia conocidos hasta ahora, fechados a comienzos del siglo VIII. El nombre de este yacimiento y el de toda la zona donde se localiza es, desde época medieval, Sidueña. En su solar hay vestigios importantísimos de la que tal vez fuera la capital del reino fenicio de occidente (¿*gâdir-a?), y otros de origen romano, visigodo e islámico. La posibilidad de relacionar estos indicios con la antigua Asido(n) y la Shidûna andalusí es demasiado sugestiva como para desecharla. La etimología y las fuentes escritas parecen darnos la razón, al tiempo que descartan, de un modo casi concluyente, la secular identificación de estos topónimos con la actual Medina Sidonia.
El primer testimonio que habla de la existencia de una entidad urbana llamada Asido(n) se encuentra en las monedas de finales del siglo II y principios del I a. C., con la leyenda en caracteres neopúnicos HSDN, equivalente a la latina que la acompaña de emisiones bilingües posteriores, Asido. Sabemos que en las fuentes literarias grecolatinas aparece por primera vez en Plinio como Asido colonia Caesarina (NH, III, 11); de nuevo en Ptolomeo (Geographia, II, 4, 10) como ‘Asindon y, finalmente, en el Anónimo de Rávena o Ravenate (317, 9) como Assidone.
Este primer étimo atestiguado, HSDN (pronunciado hipotéticamente */hasidûn/), probablemente fenicio o que ha pasado por una lengua púnica, llega al latín declinado como Asidonis (porque el fonema /n/ está en el topónimo autóctono), y de ahí al latín vulgar Asidon, derivado del acusativo Asidon(-em) que, muy probablemente en época visigoda o en los comienzos del período andalusí, tomaría una terminación de femenino, As(s)idona, característica de tantos otros topónimos ibéricos pre-árabes, hasta llegar a Shidûna, con la pérdida de la /a/ inicial del artículo semita.
El enclave de la Shidûna andalusí, heredera de la fenicia y romana Asido(n) se halla en Sidueña, lugar cuya descripción concuerda con la de los textos árabes. Esta población terminó despoblándose y, por diversas aunque no muy claras razones, cedió su hegemonía a Jerez, ciudad con la que llegó incluso a identificarse antes incluso de su completa ruina.

sábado, 28 de marzo de 2009

Al-Rusafi de Valencia (m. 1177)

¡Vuelve a llenar las copas!
La nube muestra la espada del relámpago
en los mechones de los torrentes.
Sereno como un bello pavo real
está el jardín sobre el que sopla el viento
diciendo, cuando el arco iris se dobla
bajo el negro ropaje de las nubes:
"Tomad vuestras provisiones
hasta que el tiempo amaine,
pues he prestado mis alas a la lluvia"

Valgan estos versos de bienvenida a un sábado tan primaveral como lluvioso.

viernes, 27 de marzo de 2009

De al-Razi a Stevenson

Leo el famoso poema de R. L. Stevenson dedicado a la isla y faro de Skerryvore en los Rayos y Truenos de E. García-Máiquez y, atrapado por esa magia envolvente y legendaria de las cosas de la mar, me viene al recuerdo y al teclado la imagen de otra almenara algo más alejada en el tiempo.
Cuentan los textos árabes, desde la Geografía de al-Razi y al-Udri, hasta las posteriores de al-Bakri o al-Zuhri (por citar sólo los andalusíes), que hubo en la isla de Cádiz un faro maravilloso parecido al de Alejandría, con una altura de cien codos. Su base y forma eran cuadradas y el material de su contrucción era piedra kaddan, tal vez la hoy llamada "ostionera". Remataba el faro un cuerpo triangular de mármol sobre el que se levantaba una figura humana sin parangón, de excelente factura y estilo. El rostro de este personaje, que probablemente representaba al antiguo dios fenicio Melkart, se dirigía hacia poniente. Su brazo, mirando al norte, se alargaba en esa dirección con los dedos cerrados, sólo el índice señalaba la boca del Estrecho (al-zuqaq), como marcando la ruta a seguir por los navegantes. Narra la leyenda que, el año 540 de la hégira (=1145-6), Abu l-Hasan Ali b. Maymun lo demolió ambicionando la estatua que creía de oro. Al arrancarla, se dio cuenta de que era de latón cubierta por un baño de oro fino.
Siglos más tarde, en recuerdo de un faro construido por un tío suyo en un lugar casi inaccesible y poblado sólo por focas y cormoranes, Robert Louis Stevenson escribió:

For love of lovely words, and for the sake
Of those, my kinsmen and my countrymen,
Who early and late in the windy ocean toiled
To plant a star for seamen, where was then
The surfy haunt of seals and cormorants:
I, on the lintel of this cot, inscribe
The name of a strong tower.

"Por el amor a los nombres hermosos y por la gloria
de aquellos, mis parientes y compatriotas,
que antaño alzaron sobre el tormentoso océano
una estrella para los lobos de mar allí, donde entonces se hallaba
la sola guarida de espuma de las focas y cormoranes:
Yo, en el dintel de este humilde hogar, grabo por siempre
el nombre de una torre soberbia"

¿Por qué no grabar también nosotros, en el dintel de nuestra puerta, el nombre de aquel legendario manara o faro gaditano?

miércoles, 25 de marzo de 2009

Transcribiendo texto árabe

Existen en la actualidad varias maneras de transcribir el alifato árabe en carateres latinos. Una de ellas es el gestor IBN JALDUN 1.0, creado por mi estimado tocayo Miguel Ángel Manzano Rodríguez (Universidad de Salamanca). Aunque es una herramienta muy útil, precisa descargar previamente el gestor de teclado KEYMAN, cuya licencia sólo es gratuita hasta la versión 6. 2. Home user Edition, ya obsoleta y de engorrosa instalación y uso.
El otro es el mapa de teclado NAQḤARA 2.0, distribuido exclusivamente por la SEEA y cuyo autor es mi antiguo compañero en Arabismo, Antonio Giménez Reíllo (Universidad de Murcia). El uso de esta última aplicación es inseparable de KEYMAN 5.0, de distribución gratuita.
Es cierto que NAQḤARA e IBN JALDUN 1.0., de similares características, dan frutos satisfactorios, pero como ya he señalado, su instalación, activación y uso pueden resultar farragosos. Afortunadamente, contamos con un método más sencillo de transcripción de texto árabe a latino en nuestro ordenador: se trata de la fuente Times New Roman de Opentype con soporte en Unicode, presente en Office 2007 y con un enorme juego tipográfico para escrituras complejas. Es compatible con Windows 2000, XP y Vista. Basta con ir al menú 'insertar símbolo' de Word 2007 y crear nuestro propio y rápido acceso al carácter deseado mediante una nueva tecla de método abreviado. Así de fácil.

sábado, 21 de marzo de 2009

Sidueña en el Diario de Jerez

Mi teoría sobre la capitalidad de la provincia de Sidonia (o Sidueña) en época islámica, a la que he dedicado un par de conferencias -Sala Caja Inmaculada de El Puerto de Santa María (21 noviembre 2008) y Real Academia de San Dionisio de Jerez (24 febrero 2009)- y uno de mis artículos, llamó la atención de la periodista Arantxa Cala que, en las páginas del Diario de Jerez del 2 de marzo pasado se hizo eco de la misma en su reportaje titulado "La historia que no llegó a ser". Esta tesis, por supuesto polémica y controvertida, debe corroborarse aún con el trabajo de arqueología en la zona. Serán estas futuras y previstas prospecciones las que darán o quitarán razones. Cabe recordar el expolio que el yacimiento de Doña Blanca lleva sufriendo desde hace siglos, pero también conviene mencionar el gran número de fosos de vertido que se hallaron en la década de los ochenta y los restos cerámicos islámicos en ellos contenidos, que evidencian la existencia de una población considerable a los pies de la Sierra de San Cristóbal en época andalusí. Esta circunstancia mereció una extensa tesis doctoral a cargo de María del Mar Mira, de la Universidad Autónoma de Madrid en 1988. Con todo, la reflexión es obligada: ¿qué hemos hecho mal en esta provincia para que nuestros políticos sigan dándole la espalda al riquísimo legado que todavía se conserva en nuestro suelo (Doña Blanca, Asta Regia, etc.)? ¿No sería su puesta en valor y explotación una de las vías o soluciones para la crisis económica que vivimos?

viernes, 20 de marzo de 2009

Abu l-Walid al-Waqqasi, autor del Cantar de Mío Cid

La profesora de Lengua y Literatura Árabes de la Universidad de Valladolid, Dolores Oliver Pérez, ha convulsionado a todos los filólogos y especialistas en el Cantar del Mío Cid al demostrar la autoría árabe sobre las hazañas del más celebrado héroe medieval español. A través de un amplio y documentado estudio, defiende que el Cantar de Mío Cid es una obra de propaganda política, compuesta en la corte valenciana de Rodrigo Díaz de Vivar en 1095 por el célebre jurista y poeta Abu l-Walid al-Waqqasi. Su talento y espíritu diplomático lo llevaron a ganarse la confianza del Campeador, y a conseguir que tratase con justicia y generosidad al pueblo valenciano a cambio de poner a su servicio la mucha experiencia y los vastos conocimientos que tenía. Él le ayudó a gobernar la capital del Turia, le creó una corte literaria que le diera prestigio y compuso en su honor una epopeya que, recitada ante sus nuevos súbditos en árabe vulgar y romance, le permitiera obtener el perdón por los sufrimientos padecidos a lo largo del cerco, y hacer que se sintieran orgullosos de tenerlo por «señor» o «Cid». La obra ha sido publicada por la Fundación Ibn Tufayl hace apenas unos meses. Os recomiendo a todos los interesados en el tema y curiosos, su amena lectura.

jueves, 19 de marzo de 2009

Asta Regia y Jerez

El pasado diecinueve de octubre, afirmaba Manuel Romero Bejarano, en su Pretérito Perfecto semanal del Diario de Jerez, que los jerezanos de a pie estábamos convencidos de la antigüedad proverbial de nuestra ciudad. Aprovecho esta entrada para parafrasear mis palabras de respuesta en la Tribuna Libre del mismo periódico dos días más tarde, no con la intención de volver a refutar a Bejarano, sino para aclarar al lego lector lo erróneo de sus argumentos. Primero, porque dudo mucho que la mayoría de mis paisanos conozca siquiera su propia memoria histórica, y segundo, porque el reducido aunque repetabilísimo grupo que se dedica con rigor al análisis y estudio de los anales de Jerez es consciente de lo complicado que resulta retrotraer sus orígenes más allá del tiempo islámico. Sin embargo, de todo esto no puede concluirse que nuestra urbe sea producto del abandono de Asta Regia allá por el siglo XI, como el señor Bejarano opinaba sin fundamento, menos aún si no se explican las causas de ese supuesto y dudoso traslado poblacional hacia la actual Jerez.
Hasta hace bien poco, los hallazgos arqueológicos situaban el origen de Jerez en el siglo XII. Es incuestionable que el esplendor político y cultural de la ciudad llega en esos años de dominación almohade, pero las últimas excavaciones en puntos claves del centro histórico jerezano corroboran las alusiones que sobre el Jerez de los siglos IX al XI aparecen en algunas de las más importantes fuentes históricas y biográficas árabes. Esta circunstancia demuestra que el Jerez prealmohade existió y nos obliga, por tanto, a retrasar la fecha de fundación de la ciudad a los primeros años de la presencia del islam en la Península. Para justificar esta aseveración me baso en los importantísimos restos cerámicos y urbanos encontrados recientemente en varias zonas del casco antiguo de Jerez -datados entre los siglos X y XI- y en tres textos fundamentales:

a) El primero es la Crónica de Ahmad al-Razi (ss. IX-X), que hace la siguiente descripción del Jerez de su tiempo:… Et Xerez Sadunia [Sidueña] es nombrada entre todas las cibdades de Espanya, et en ella ha todas las bondades de la tierra et de la mar; que si vos yo quissiese contar todas las bondades della et de su termino, non podria. Et las aguas non se dannan como otras, et la su fruta dura mucho. Et Xerez es tan buena que le non puede escusar en lo mas de Espanya…No olvidemos que el original árabe de al-Razi se perdió y que el presente pasaje -traducción castellana del siglo XV de la versión portuguesa de los años 1279 a 1325- presenta algunas adaptaciones y anacronismos. Con todo, hay que tener en cuenta la verosimilitud de los datos que aporta la parte geográfica de esta obra, algo que el insigne arabista Pascual de Gayangos ya demostró en su momento.

b) El segundo texto pertenece al volumen II-1 del Muqtabis de Ibn Hayyan (s. XI), en concreto el fragmento referido a las defensas del suroeste de al-Andalus frente al ataque normando de los años 844-5 en tiempos del emir Abd al-Rahman II (m. 852), donde se habla de vestigios de ciudades, fortalezas, castillos y atalayas conexas y próximas, hasta que, al llegar a Qalat Gazwan, esas fortalezas conectan con Itálica y Coria hasta Sevilla, y luego se extienden desde ella hasta Qalat Ward, Jerez Sidueña y Astah, llegando a Cádiz y a aquella zona costera; no tengo la menor duda de que los antiguos hicieron estas fortalezas y atalayas sólo como defensa contra este enemigo normando que habrá estado llegándoles en distintas épocas… El documento, que menciona a Asta y Jerez como localidades distintas y coetáneas, revela no sólo que nuestra ciudad existía en el siglo IX, sino también la posibilidad de su existencia antes de la conquista musulmana. Sin embargo, el texto sólo parece refrendar la antigüedad de las fortalezas y atalayas utilizadas como salvaguarda de los topónimos citados, sin que se precise si estos últimos eran también de fábrica primitiva. Habría que añadir que las fuentes históricas y geográficas árabes suelen especificar, dado el caso, el origen preislámico del lugar que describen, algo que nunca sucede con Jerez.

c) El tercer texto que confirma estos extremos es la Historia de los ulemas de al-Andalus de Ibn al-Faradi (ss. X-XI), obra en la que se esboza el retrato de siete destacados sabios que vivieron y ejercieron sus oficios en Jerez entre los siglos IX al XI. A partir de estas biografías se deduce que la capital de la zona a mediados del X era Jerez, ciudad en la que la vida religiosa y cultural comenzaba a tener cierta importancia. Se nombra al muftí y maestro Abu Razin, de origen beréber, que nació a finales del siglo IX y falleció bi-hadirat Sharish, es decir, en la capital, Jerez, el año 947 ó 948; y a los predicadores Sulayman b. Muhammad al-Shiduni, nacido a principios del siglo X y muerto en 982, que se ocupó de dirigir la oración en Jerez desde el 948; Yazid b. Asbat al-Majzumi, que tal vez sucediera al anterior; y Asbat b. Yazid al-Majzumi, hijo de éste, quien relevó a su padre en el cargo hasta que murió hacia el año 1001 ó 1002. Junto a ellos, Ibn al-Faradi hace igualmente alusión a otros habitantes del Jerez califal que moraron en la ciudad a lo largo de los siglos IX y X. Parece evidente que las autoridades envían a Jerez intelectuales y hombres expertos en ciencias religiosas del entorno para acelerar la arabización e islamización de la ciudad. Todos los indicios apuntan a un nuevo centro urbano en progresiva ascensión, de cuyos orígenes sabemos muy poco.

Nada definitivo ni concluyente puede decirse del Jerez preislámico, de ahí que las hipótesis sean diversas y posibles. El topónimo Cerit existió, aunque desconocemos con exactitud si éste fue el nombre de un enclave romano -situado en el solar de la actual Jerez o, como apunta Montero Vítores, en las laderas de Gibalbín-, o bien el de una vasta y rica región agrícola -el ager Ceretanus de Marcial y Columela- sobre la que se asentó una guarnición militar musulmana con la misión de controlar a las insurrectas metrópolis cristianas del entorno. Con todo, a la vista de los testimonios arqueológicos y documentales, Jerez se configura como fundación islámica de los siglos VIII o IX, no siendo hasta el X cuando la ciudad adquiere en la región una innegable notoriedad. Esta trascendencia alcanzará su máximo apogeo dos centurias más tarde, durante el gobierno de la dinastía almohade en al-Andalus. El dudoso cambio de emplazamiento de Asta Regia hacia Jerez en el siglo XI al que aludía el señor Romero Bejarano en su columna, no resiste un mero análisis histórico. Y no deja de sorprenderme que a estas alturas se traiga a colación tan endeble argumento, basado en una rancia tradición histórica jerezana completamente superada.

miércoles, 18 de marzo de 2009

La capital de Sidueña

En época andalusí, la primera capital de la cora o provincia de Sidueña fue la ciudad del mismo nombre. Algunos historiadores, al encontrar en las fuentes árabes la expresión madinat Šiḏūna, tradujeron Medina Sidonia. Pero el asunto ha traído de cabeza a todos los que estudiamos los anales de nuestra zona. ¿Y si traducimos la rección como "ciudad de Šiḏūna"? A los pies de la Sierra de San Cristóbal, justo donde se hallan las ruinas de la ciudad fenicia descubierta por Ruiz Mata en los años 80 del siglo XX, encontramos el pago de Sidueña. Curiosamente, algunas referencias en textos grecolatinos y, sobre todo, árabes, parecen situar en ese enclave a la antigua Asidon y su supuesta heredera andalusi Šiḏūna. Tras su ruina, la capital de la cora pasó a Jerez, llamada desde el siglo IX Šaris Šiḏūna. Jerez, sucesora de aquélla, alcanzaria su máximo apogeo a partir de finales del siglo XI. Desde el punto de vista intelectual, dio a las letras y las ciencias andalusíes un buen número de sabios. Leamos lo que nos dice el poeta Ibn Lubbal, al que acabamos de conocer en nuestra primera entrada, sobre uno de los lugares de esparcimiento de los jerezanos, cercano a la ciudad:

Oh cuán agradable es El Llano, en primavera o en otoño.
Los arroyos de agua parecen plata sobre guijarros, que se esparcen en el fondo como perlas relucientes.
Cuando su arena no está empapada de agua, nos gusta ir allí y prescindir del ámbar y los aromas.
Y hay unos higos que parecen pezones; pechos de vírgenes negras en sus pecheras.
Diríase que hay allí alcobas fulgurantes con novias reposando sobre estrados de seda
.

Ese Llano citado podría corresponderse con los actuales Llanos de la Ina, al sureste de Jerez.

(Trad. en BORREGO SOTO, Miguel Ángel (2008): "Poetas del Jerez islámico", AAM 15: 41-78)

martes, 17 de marzo de 2009

La tierra de Sidueña


Dijo el poeta y cadí jerezano Ibn Lubbāl (m. 583=1187-8):

Cuando el que está afligido contempla el bello rostro
de la tierra de Sidueña, olvida su pena.
Parece que la mano de la lluvia
hubiera cubierto
de verdes brocados sus valles y majadas.
Como un aladar por las mejillas del hermoso,
discurren los arroyos por sus marjales.

(Traducción de Miguel Ángel Borrego Soto)

Con la llegada del islam a la Península el año 711, el Poblado de Doña Blanca quedó integrado en la provincia o cora (kūra) de Šiḏūna, unidad político-administrativa con capital en la ciudad del mismo nombre, y una extensión muy similar a la de sus antecesoras goda y romana, pues ocupó parte de la zona suroeste del conventus hispalensis que describe Plinio (NH, III, 3, 11), y la práctica totalidad del conventus gaditanus. La cora limitaba al norte con las de Niebla, Sevilla y Morón; al este, con la de Tākurūna; al sur, con la de Algeciras; y al oeste, con el Océano Atlántico.

(BORREGO SOTO, Miguel Ángel (2007): "La ciudad andalusí de Šiḏūna (Siglos VIII-XI)", AAM 14: 5-18)