jueves, 19 de agosto de 2010

Jerez andalusí. Producción intelectual (IV)

Las formas y métodos de enseñanza no diferirán del resto de urbes andalusíes e islámicas. Los lugares donde esta actividad se llevaba a cabo eran diversos: en Jerez, nos dicen las fuentes que Abu Abd Allah Ibn Hubasa al-Sharishi (m. a finales del siglo XII) ejercía su labor docente en la mezquita aljama, o que el mencionado Abu l-Abbas Ibn Abd al-Mumin al-Sharishi lo hacía en su propia casa. Este autor nos relata en su Comentario a las Macamas de al-Hariri una simpática anécdota acaecida en la tertulia de un maestro sufí de Jerez:

Uno de los relatos más curiosos sobre el estornudo es el de un sufí de mi ciudad que sabía de memoria mucha poesía, y en cuyo maylis (tertulia) no se pasaba una idea por alto sin que sobre ella se compusiera un verso. Y sucedió que un hombre estornudó en su presencia y los presentes le desearon salud, pues [antes] él los había bendecido (1). Y vio el sufí que si él también decía salud debía interrumpir su recitación, lo que no le parecía correcto, pero que de no hacerlo, estaría cometiendo una falta de piedad y cortesía. Entonces, rogó a sus discípulos que alguno de ellos pusiera en verso este pensamiento. Y dijo el noble visir Abu Amr Ibn Muhammad [Ibn Giyat]:

¡Oh tú que estornudas, salud, pues proclamas la alabanza a Dios!

Ruega con la más pura de las intenciones que perdonemos a nuestro maestro

y dile: ¡mi bendición se dirige a todos los que nos encontramos en tu presencia!

Así, oh señor de la generosidad y del generoso, que Dios honre a tu concurrencia,

y si de ti oímos “salud”, serás por ello digno de alabanza.


(1) Según la tradición, el Profeta dijo: “Cuando uno de vosotros estornude debe declamar al-hamdu li-l-lah (alabado sea Dios), y el que le desee salud: yarhamu-ka l-lah (¡Dios se apiade de ti!), y de nuevo el primero responder [a modo de agradecimiento]: yuhdi-kumu l-lah wa-yaslahu bi-l-kum (Dios os guíe por la senda correcta y sea la paz con vosotros)".

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