jueves, 19 de agosto de 2010

Jerez andalusí. Producción intelectual (y VII)

En cuanto a la duración de los estudios, sabemos que la asistencia a las clases podía culminarse o premiarse con la entrega de una iyaza, autorización por escrito que facultaba al alumno para enseñar y transmitir una o diversas obras y disciplinas. El sevillano al-Ruayni nos afirma en su Barnamay que la recibió de varios de sus maestros en Jerez, añadiendo un breve fragmento con los consejos que le dio Abu Amr Ibn Giyat:

“Parte de lo que me escribió en su iyaza dice lo siguiente: “Has traspasado una puerta que estaba bien cerrada, pero te has dirigido a un no árabe, y ¿desde cuándo conoce nuestra lengua el extranjero? Has perdido el tiempo y el esfuerzo.

Protégela de tus benévolos miramientos,

que ven simple hinchazón en la grasa del seboso.

Luego contó acerca de uno que recordaba a sus preceptores: Me he apartado de aquellos maestros a los que no debí abandonar, porque, aunque convenga honrar su recuerdo, el paso del tiempo, el dolor y la vejez me dejaron sin su talento; lo que hace que un maestro pierda facultades es la oscuridad del sueño de los ojos, pues su visión se convierte en nebulosa, sus escritos se tornan indescifrables y su vida en quebranto, algo notorio entre los setenta y ochenta años del camino de la vida.”

Para saber más:

- BENCHERIFA, M. (1996), Ibn Lubbal al-Sharishi (508-582/1114-1187), Rabat.

- BORREGO SOTO, M. Á. (2009), “De “Asidon” a Sidueña: localización de “Madinat Siduna” en el yacimiento de Doña Blanca”, Revista de Historia de El Puerto, 42, El Puerto de Santa María, pp. 9-34.

- BORREGO SOTO, M. Á. (2008), “Poetas del Jerez islámico”, Al-Andalus--Magreb, 15, Cádiz, pp. 41-78.

- BORREGO SOTO, M. Á. (2006), “¿Una Macama jerezana? Jerez y la difusión de las “Macamas” de al-Hariri en al-Andalus”, Al-Andalus--Magreb, 13, Cádiz, pp.25-41.

- BORREGO SOTO, M. Á. (2004), “Sabios musulmanes de Jerez (ss. IX-XIV)”, Al-Andalus--Magreb, 11, Cádiz, pp. 7-66.

- KARA, H. (1998), Abu l-Abbas Ahmad b. Shakil al-Andalusi. Shair Sharish, Abu Dhabi.

Jerez andalusí. Producción intelectual (VI)

Las materias más cultivadas en Jerez fueron la gramática y las bellas letras. El citado Ibn Lubbal se consagró al estudio de las mismas y fruto de ello son obras como el Kitab al-muhkam fi huruf al-muyam (Libro de lo perfecto sobre las letras del alfabeto), que abordaba cuestiones como la importancia concedida a las huruf al-ziyada (consonantes no radicales); una Muqaddima fi l-arud (Introducción la métrica); el Rawdat al-adib fi l-tafdil bayna al-Mutanabbi wa-Habib (Jardín del literato que trata de la preferencia entre al-Mutanabbi y Habib), en prosa rimada; y un Sharh Maqamat al-Hariri (Comentario de las Macamas de al-Hariri).

Por su parte, Ibn Abd al-Mumin al-Sharishi, además de su conocido Sharh Maqamat al-Hariri, comentó la Idah de al-Farisi y las Yumal de al-Zayyayi, al tiempo que resumió las Nawadir de Abu Ali al-Qali y dedicó un par de libros a la métrica: Ilal al-qawafi (De los defectos de la rima) y el Sharh arud al-shir (Comentario sobre prosodia).

El poeta Abu Amr Ibn Giyat al-Sharishi fue autor de la obra Nazm li-l-Kurrasa al-yazuliya (Versificación de El opúsculo de al-Yazuli); y el ya mencionado Abu Ishaq Ibrahim al-Bunasi al-Sharishi, también destacó en este terreno por su comentario de la obra lexicográfica de Abu l-Abbas Ahmad b. Yahya Talab al-Kufi (m. 291=903-4), titulado Kitab al-Tabyin wa-l-tanqih li-ma wurida min al-garib fi kitab al-Fasih (Aclaración y revisión del léxico difícil del Libro El elocuente); pero sobre todo, por el Kanz al-kuttab wa-muntajab al-adab (Tesoro de los secretarios y selección literaria), libro destinado a los secretarios, visires y otros miembros de la cancillería como útil recurso para la redacción de risalas u otros escritos. Sus páginas reflejan también algo habitual en este tipo de misceláneas, un auténtico alarde del saber histórico, literario y retórico de su creador.

Otro jerezano, Abu Bakr Ibn Suyman al-Sharishi (m. 685=1286), alfaquí, gramático y lexicógrafo, escribió un Kitab fi l-ishtiqaq (Libro sobre etimología) y un Sharh Alfiya Ibn Muti (Comentario de la Alfiya de Ibn Muti). Este último es una explicación de la Alfiya (Poema de mil versos sobre gramática árabe) del egipcio de origen magrebí Yahyà b. Abd al-Muti, conocido como Ibn Muti (m. 628=1231), probablemente el primero que compuso un tratado gramatical de estas características. Su obra, cuyo título completo es al-Durra al-alfiya fi ilm al-arabiya (La perla en mil versos acerca del conocimiento de la lengua árabe), se terminó de escribir el año 595 (=1198-9) y fue imitada por otros ulemas orientales y andalusíes. Estas composiciones resultaban a menudo difíciles de entender para el lector, por lo que se hacía necesario aclararlas con todo tipo de glosas, como ésta no conservada de Ibn Suyman.

Jerez andalusí. Producción intelectual (V)

Las recopilaciones bio-bibliográficas nos detallan el elenco de los autores y libros más estudiados en al-Andalus y la nómina de preceptores que los transmitían, a modo de auctoritas. Tres jerezanos compusieron sendos barnamiy o nómina de obras y maestros: Abu l-Hasan Ali b. Hisham b. Umar b. Hayyay al-Sharishi, cuyo Barnamay fue redactado por su alumno Abu Ishaq Ibrahim al-Bunasi al-Sharishi; el citado Abu Bakr Ibn al-Gazzal al-Sharishi, almocrí, notario y jurisconsulto, que escribió un Barnamay riwayat, al igual que el muftí y alfaquí Abu l-Hasan Ali Ibn al-Fajjar al-Arkushi al-Sharishi (m. 642=1244-5); y el almocrí Abu Bakr Muhammad Ibn al-Fajjar al-Arkushi al-Sharishi, que redactó una Fahrasa o relación de obras transmitidas.

En Jerez, como en otras ciudades andalusíes, las disciplinas en las que se basaba el resto de saberes y enseñanzas fueron las ciencias religiosas y el derecho islámico (fiqh). Hubo varios ulemas especializados en estas ramas del saber, entre los que subrayamos al alfaquí y muftí Abu Muhammad Ibn Hushayshi al-Sharishi (m. 674=1275-6), que se hizo experto en fuentes jurídicas y en el reparto de herencias, materias sobre las que escribió el Al-Muqtadab fi l-fiqh (El resumen, sobre derecho islámico); un Nazm al-Tanbih li-l-shayj Abu Ishaq al-Shirazi (Versificación de la Exhortación del derecho islámico de Abu Ishaq al-Shirazi (m. 476=1083)); y un Sharh al-Tanbih li-l-shayj Abu Ishaq al-Shirazi (Comentario de la misma obra). Nos ha llegado, asimismo, el nombre de una obra de Abu Bakr Ibn Rifaa al-Sharishi titulada Tuhfat al-mutahharin wa-awrad al-qanitin (Tesoro de los purificados y flores de los piadosos), cuyo contenido versaba sobre el Corán. Por su parte, el mencionado Abu Bakr Ibn al-Fajjar al-Arkushi al-Sharishi escribió una treintena de obras entre comentarios y libros sobre la cuestión.

También la medicina ocupó un notorio espacio en Jerez. Conocemos el nombre de varios galenos que ejercieron su profesión en la ciudad: Abu Zayd al-Fihri al-Ashab (m. entre 640 y 650=1142-3 y 1152-3); el cadí Abu l-Qasim Ibn Qantaral (m. 627=1229); la familia de los Banu Habib (Habib b. Muhammad b. Habib, su hijo Abu Ali Ibn al-Habib al-Sharishi, y su nieto Abu l-Qasim Ibn Habib, de los siglos XII y XIII); o el mencionado Abu Bakr Ibn Rifaa al-Sharishi, autor del Manyat al-atibba wa-malya al-alibba (Refugio de los médicos y abrigo de los inteligentes); el Madubat al-atibba (El banquete de los médicos), libro que incluía sentencias sobre el tema y que, como el primero, no se conserva; y una uryuza también inédita que dedicó al califa al-Mansur sobre los remedios de la tríaca compuesta por cincuenta elementos.

Jerez andalusí. Producción intelectual (IV)

Las formas y métodos de enseñanza no diferirán del resto de urbes andalusíes e islámicas. Los lugares donde esta actividad se llevaba a cabo eran diversos: en Jerez, nos dicen las fuentes que Abu Abd Allah Ibn Hubasa al-Sharishi (m. a finales del siglo XII) ejercía su labor docente en la mezquita aljama, o que el mencionado Abu l-Abbas Ibn Abd al-Mumin al-Sharishi lo hacía en su propia casa. Este autor nos relata en su Comentario a las Macamas de al-Hariri una simpática anécdota acaecida en la tertulia de un maestro sufí de Jerez:

Uno de los relatos más curiosos sobre el estornudo es el de un sufí de mi ciudad que sabía de memoria mucha poesía, y en cuyo maylis (tertulia) no se pasaba una idea por alto sin que sobre ella se compusiera un verso. Y sucedió que un hombre estornudó en su presencia y los presentes le desearon salud, pues [antes] él los había bendecido (1). Y vio el sufí que si él también decía salud debía interrumpir su recitación, lo que no le parecía correcto, pero que de no hacerlo, estaría cometiendo una falta de piedad y cortesía. Entonces, rogó a sus discípulos que alguno de ellos pusiera en verso este pensamiento. Y dijo el noble visir Abu Amr Ibn Muhammad [Ibn Giyat]:

¡Oh tú que estornudas, salud, pues proclamas la alabanza a Dios!

Ruega con la más pura de las intenciones que perdonemos a nuestro maestro

y dile: ¡mi bendición se dirige a todos los que nos encontramos en tu presencia!

Así, oh señor de la generosidad y del generoso, que Dios honre a tu concurrencia,

y si de ti oímos “salud”, serás por ello digno de alabanza.


(1) Según la tradición, el Profeta dijo: “Cuando uno de vosotros estornude debe declamar al-hamdu li-l-lah (alabado sea Dios), y el que le desee salud: yarhamu-ka l-lah (¡Dios se apiade de ti!), y de nuevo el primero responder [a modo de agradecimiento]: yuhdi-kumu l-lah wa-yaslahu bi-l-kum (Dios os guíe por la senda correcta y sea la paz con vosotros)".

Jerez andalusí. Producción intelectual (III)

No será hasta principios del siglo XII cuando Jerez inicie su período de máximo esplendor comercial e intelectual, un siglo de oro cuyo final coincide con la conquista de la ciudad por las tropas castellanas a mediados del XIII. Si tomamos como referencia la Takmila de Ibn al-Abbar (m. 658=1260) y completamos sus datos con el Dayl del magrebí Ibn Abd al-Malik (m. 703=1303) o la Sila de Ibn al-Zubayr (m. 708=1308), podemos afirmar que, bajo influencia almohade, Jerez se configuró como un centro intelectual de relevancia tras los grandes focos de saber del momento, Sevilla, Córdoba, Murcia, Granada o Málaga.

La llegada a Jerez, en los albores de la centuria referida, de Abu l-Qasim Isa b. Ibrahim b. Abd Rabbih b. Yahwar al-Qaysi de Talavera, conocido como Ibn Yahwar, supone el comienzo de esa etapa cultural tan importante para la ciudad. Ibn Yahwar, que hacia el año 500 (=1106-7) había oído en Bagdad las Macamas del propio al-Hariri, no sólo introduce, junto a otros ulemas, el estudio de esta obra en al-Andalus, sino que inicia en Jerez una importante cadena de transmisión de la misma. Sus discípulos, de los que conocemos a figuras de la talla del poeta y cadí Abu l-Hasan Ibn Lubbal al-Sharishi (m. 583=1187-8), el juez Abu Bakr Ibn Azhar al-Sharishi (m. 584=1188-9) o Abu Abd Allah Ibn Malik al-Sharishi (m. 592 ó 593=1195-6 ó 1196-7), se convertirán, a su vez, en maestros en la propia Jerez, población de obligada visita para muchos personajes de al-Andalus y del resto del Islam desde entonces. Con ellos aprendieron, entre muchos otros, sus paisanos Abu l-Abbas Ibn Abd al-Mumin al-Sharishi, Abu l-Hasan Ibn al-Fajjar al-Sharishi (m. 642=1244-5), Abu Bakr Ibn al-Gazzal al-Sharishi (m. 628=1230-1), Abu Amr Ibn Giyat al-Sharishi (m. 620=1223), Abu Bakr Ibn Rifaa al-Sharishi (m. 636=1238-9) o Abu l-Hasan Ibn Hisham al-Sharishi (m. 616=1219-20).

La sucesión de maestros y discípulos no se interrumpirá hasta mediados del siglo XIII.

martes, 3 de agosto de 2010

Jerez andalusí. Producción intelectual (II)

El marcado cariz religioso del ambiente social y erudito del Jerez del siglo X resulta evidente. Al mismo tiempo y, como ya conocemos, Córdoba y oriente serían la referencia religiosa y cultural del momento; a estos puntos acuden a adquirir ciencia y formarse los alfaquíes de todo al-Andalus, incluidos los arriba reseñados y el resto de personalidades que habitaban Jerez por entonces, como Abu l-Manazil Firas b. Ahmad al-Majzumi (que aún vivía el 324=935-936) o Abu Muhammad Ibn Abi Awsaya (m. hacia el año 376=986-7).

Sin embargo, entre leyes y aleyas, al menos tres personajes de la élite jurídica y piadosa de la ciudad dedicaron parte de su obra a la poesía. Se trata de Abu l-Hakam Mundir b. Umar b. Abd al-Aziz al-Shiduni, natural de Sidueña pero afincado en Jerez, ciudad en la que murió el 334 (=945-6); y dos miembros de una misma familia: el alfaquí Abu Jalid Yazid b. Asbat, de los Banu l-Majzum, que dirigió la oración en Jerez hasta que murió, y su hijo Abu Yazid Asbat b. Yazid b. Asbat al-Majzumi, quien relevó en el cargo a su padre y que falleció a finales del año 392 (=noviembre de 1002). Son años de auge para Jerez, derivados de la bonanza económica de la región en tiempos de al-Hakam II (m. 366=976).

Jerez andalusí. Producción intelectual (I)

La aportación más significativa de la élite cultural de Jerez al conjunto de la producción intelectual de al-Andalus fue, sin duda, la difusión de las Macamas de al-Hariri entre sus ulemas. De hecho, el mejor comentario de las mismas se debe a un jerezano, el gramático y lexicográfo Abu l-Abbas Ibn Abd al-Mumin al-Sharishi (m. 619=1223), quien afirma en su introducción haberlas conocido y aprendido de algunos de los maestros de su ciudad natal. No obstante, es también cierto que entre los siglos X al XIII se crearon y divulgaron en Jerez obras de contenido y temática diferentes.

Hasta la época del Califato no empezamos a conocer los nombres de los primeros sabios que habitaron la ciudad. Las biografías de alfaquíes para ese período aumentan en los repertorios bio-bibliográficos, sobre todo las de aquéllos relacionados con núcleos de incipiente formación como Jerez. Muchos de estos ulemas eran designados directamente desde Córdoba, probablemente con la idea de consolidar o, al menos, procurar la difusión y aplicación del derecho islámico en las nuevas poblaciones.

Uno de esos sabios destacados en Jerez fue Abu Razin Hisham b. Muhammad, maestro de origen bereber venerado por sus paisanos. Experto en cuestiones jurídicas, desempeñó el cargo de muftí en varias localidades de la cora, entre ellas su ciudad natal, Shiduna, topónimo que generalmente se ha identificado con la actual Medina Sidonia pero que tal vez se refiera a Sidueña, enclave situado frente al río Guadalete, a los pies de la llamada Sierra de San Cristóbal y a escasa distancia de Jerez. En esta última ciudad Abu Razin también residió y enseñó hasta su muerte el año 336 (=947-8).

Otro buen ejemplo de lo que apuntamos lo ilustra Abu Ayyub Sulayman b. Muhammad al-Shiduni, personaje nacido en Sidueña el año 300 (=912-913), que viajó a oriente y, a su regreso, el 337 (=948-9), fue nombrado jatib de Jerez por el califa al-Hakam II, cargo que desempeñó hasta su muerte, el jueves 14 de du l-qada del 371 (=11 de mayo de 982). En su periplo por tierras orientales acompañó a su hermano, Abu Umar Yusuf (m. 383=993-4), hombre de letras y predicador en Calsena –otra población de la cora– también por encargo califal. Ambos comenzaron en Jerez su formación en la doctrina malikí, de la mano de Abu Razin, con el que estudiaron la Mudawwana (La Recopilación) de Sahnun (m. 240=854-5). En Córdoba, aprendieron entre otros de Qasim b. Asbag o Muhammad b. Umar b. Lubaba. Trasladados a oriente, en una travesía que les llevó diez años por Egipto, Yedda o La Meca, tuvieron ocasión de recoger las enseñanzas de maestros diversos acerca del Muwwatta (El camino allanado) de Malik (m. 179=795), o las Amwal (Las riquezas) de Abu Ubayd (m. 224=838). Ibn al-Faradi dice también que Abu Umar copió de Abu Muhammad al-Fargani (m. 362=972-3) el Kitab al-Umm (Libro de los Principios) de al-Shafii (m. 204=820), y la obra de Muhammad b. Yarir al-Tabari (m. 310=923), que daría a conocer en al-Andalus a su vuelta.

BORREGO SOTO, M. Á. (2008), “Poetas del Jerez islámico”, Al-Andalus--Magreb, 15, Cádiz, pp. 41-78.