jueves, 15 de noviembre de 2012

Al-Sharishi y su Comentario de las Maqamat de al-Hariri


Ahmad Ibn Abd al-Mumin al-Sharishi fue autor de diversas obras. No obstante, conviene detenerse en la que le ha dado mayor gloria, su Sharh Maqamat al-Hariri (Comentario de las Maqamat de al-Hariri), dedicada al califa Abu Yaqub Yusuf al-Mansur (m. 1199), lo que delata no sólo el fructífero mecenazgo intelectual de la dinastía almohade, sino también la cercanía de Ibn Abd al-Mumin al-Sharishi al poder.
Según Ibn Abd al-Malik, este comentario se hizo en tres versiones: una extensa, en la que al-Sharishi se emplea a fondo explicando los sentidos literarios; otra mediana, en la que hace una selección de la anterior; y una tercera breve, en la que se limita a comentar los aspectos lingüísticos. Ibn al-Abbar coincide en esta apreciación, aunque afirma que el mayor de los comentarios era literario, el mediano lexicográfico y el menor, un resumen (mujtasar). 
Las Maqamat de al-Hariri pronto obtuvieron mayor notoriedad que las de su predecesor al-Hamadani y, sobre todo en al-Andalus, fueron usadas recurrentemente como modelo para el estudio de la gramática y las bellas letras, por lo cual necesitaban de rigurosos comentarios que aclararan los aspectos más singulares u oscuros de la lengua de las mismas y de sus alusiones históricas y literarias. Buena parte de los diccionarios biográficos las citan entre los libros que los maestros transmitían y enseñaban a sus alumnos, y fueron varios los andalusíes que las oyeron del propio al-Hariri en su maylis de Bagdad, entre ellos el talaverano Isà b. Ibrahim b. Abd Rabbih Ibn Yahwar, de cuya difusión de esta obra en Jerez se hace eco el propio al-Sharishi en la introducción a su magno comentario:

El primero del que tomé su transmisión y con quien aprendí [las Maqamat] en mi ciudad de Jerez fue el maestro, alfaquí y almocrí Abu Bakr Ibn Azhar al-Hayari. Me instruyó en ellas a partir de la enseñanza de su suegro, el alfaquí, tradicionista y transmisor Abu l-Qasim Ibn Abd Rabbih al-Qaysi, conocido como Ibn Yahwar quien, a su vez, las había recogido de su autor, Abu Muhammad al-Hariri. También en Jerez me las transmitió el alfaquí y transmisor Abu Bakr Ibn Malik al-Fihri, que las aprendió del mencionado Ibn Yahwar y del maestro y alfaquí Abu l-Hayyay al-Ubbadi al-Quda'i [m. 1147-8], ambos a su vez de Abu Muhammad al-Hariri. También me las transmitió el maestro, alfaquí y tradicionista Abu Muhammad Abd Allah b. Muhammad Ibn Abd Allah al-Hayari, con autorización de al-Qudaʽi, y el secretario y asceta Abu l-Husayn Ibn Yubayr, que las tomó del insigne maestro Barakat b. Ibrahim b. Ṭahir b. Barakat al-Qurashi, conocido por al-Jushu'i [m. 1201-2], que también las recibió de al-Hariri. Del mismo modo, me las transmitió el maestro y alfaquí Abu Darr Musʽab b. Muhammad b. Masʽudi al-Jushani que, tras estudiar –Dios lo bendiga- este comentario, lo autorizó […]

El resto de la obra se compone del prefacio y las cincuenta Maqamat de al-Hariri, que Ibn Abd al-Muʼmin al-Sharishi interrumpe, sin un orden preciso ni preestablecido, tantas veces como ha creído necesario, para introducir sus glosas. En éstas, nuestro autor aclara los términos de peor comprensión o interpretación y expone, con ejemplos extraídos de obras poéticas o en prosa (cuentos, anécdotas, relatos, etc.), el uso que otros autores hacen de las expresiones, vocablos o asuntos tratados por al-Hariri.
El Comentario es también un alarde de los saberes de Ibn Abd al-Mumin en disciplinas como la gramática, la ortografía, la lengua, la retórica o las bellas letras en general, en el que ofrece secciones fijas destinadas a aclarar referencias del corpus de al-Hariir y a instruir al lector sobre prosodia o tratamiento del léxico. Conviene señalar que lo más valioso de los comentarios de al-Sharishi se centra en los cuentos y relatos que introduce para ilustrar algunas de sus explicaciones gramaticales, léxicas o literarias. Causa extrañeza la escasez de ejemplos sacados de la literatura andalusí y sus autores, pero buena parte de los que hay están ligados a la ciudad de Jerez y a dos de sus maestros, Abu l-Hasan Ibn Lubbal y Abu Abd Allah Ibn Zarqun. Del primero recopila no pocos versos, algunos de los cuales, dedicados a una alameda jerezana, los encontramos en una de las glosas de la maqama XXVII [metro tawil]:

Oh cuán agradable es El Llano (Iyyana), en primavera o en otoño.
Los arroyos de agua parecen plata sobre guijarros, que se esparcen en el fondo como perlas relucientes.
Cuando su arena no está empapada de agua, nos gusta ir allí y prescindir del ámbar y los aromas.
Y hay unos higos que parecen pezones; pechos de vírgenes negras en sus pecheras.
Diríase que hay allí alcobas fulgurantes con novias reposando sobre estrados de seda.

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